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Nuevos caminos para construir un mercado alternativo en América Latina

 

Todos y todas comemos… ¡quizás hasta tres veces al día!

Pero: ¿Estamos conscientes que la comida que consumimos proviene, en última instancia, del campo, de productores del campo, y no es producida en los supermercados o en los localitos de venta de los mercados del pueblo, aunque así nos dejan creerlo?

Los mecanismos del mercado actual nos dejan caer en esta anomalía y enajenación del producto, bien empacado y envuelto con lemas de las empresas. El maíz, las papas, la quínoa, el arroz y el frijol, las frutas del campo, provienen del trabajo arduo de un campesino y su familia, en su mayoría pequeños productores e indígenas.

Muchas veces no estamos conscientes de los largos tramos que recorre la comida antes que llega a nuestra mesa… y menos nos hagamos la pregunta sobre cuánto gana el productor por ese producto. No sabemos… y hasta no nos interesa. Así funcionan los mecanismos del mercado.

Es por eso que, desde hace ya varias décadas, campesinos e indígenas buscaron nuevos caminos para romper estas anomalías, construyendo un mercado alternativo, comúnmente llamado “Mercado Justo” o “Mercado Solidario”. Hoy seguimos pretendiendo romper la exclusión que vivimos, para ser parte integral de la producción y del consumo de todo lo necesario para vivir humanamente. Seguimos asumiendo la responsabilidad de producir sanamente los productos, usando métodos adecuados y que no perjudican el medio ambiente… porque somos amantes de nuestra tierra, de los bosques, los ríos. Somos gente de tierra.

Queremos romper el anonimato de ser simples “proveedores” de lo que nuestros hogares necesitan diariamente. Por esta razón, hacemos un llamado a las ciudades y pueblos de todo el mundo, en especial del continente latinoamericano, para que nos juntemos en la construcción de un Mercado Alternativo, que practica la solidaridad con el productor, que consciencia sobre la situación real en el campo, sus luchas para sobrevivir y para que sigamos produciendo dignamente los ingredientes de una comida sana.

Es responsabilidad mutua y derecho de todos saber de dónde proviene nuestra comida, quién la produjo y cómo viven realmente los pequeños productores del campo. Queremos construir nuevos circuitos cortos: vender localmente en la media posible, no dejar que nuestro producto esté dando vueltas por el mundo antes que llega a la mesa del consumidor.

Consumidores de las Ciudades y Pueblos pueden con determinación decidir qué comprar para sus necesidades y comprar directamente de los productores, construyendo circuitos comerciales locales, justos y solidarios. ¡Todos los ciudadanos y ciudadanas son consumidores! Pero no se trata solamente de hacer un cambio notable en los hábitos de compra de compra, sino también de apoyar la construcción de un mercado justo para los productores, para que ellos puedan ponerle el justo precio a su producto, cubriendo los costos de producción y garantizando una vida digna para su familia.

Juntos, productores, consumidores, sociedad civil y autoridades locales, sí podemos hacerlo… y definitivamente urge que lo hagamos.

Frans Van der Hoff Boersma